Exterior de la mansión

La Quinta Gameros es una propiedad cuya superficie de construcción es de 1000 metros cuadrados, con un jardín frontal y un extenso jardín posterior; se encuentra rodeada por un hermoso enrejado en cuyas puertas se leen los anagramas de don Manuel Gameros.

Sin duda la parte más sobresaliente de esta casa, desde el punto de vista arquitectónico, son sus exteriores; es una imponente mansión cuya fachada principal cuenta con un armonioso juego de salientes y planos que le confieren una elegancia extraordinaria. Su altura es eficientemente contrarrestada por las estrías horizontales labradas en cantera a lo largo de toda la fachada.

Al centro de la entrada principal se puede admirar una hermosa fuente que esta coronada por un grupo escultórico con figuras que la adornan con gran frescura y belleza; a la puerta principal se accede por un par de escalinatas curvadas que ascienden hasta una veranda decorada por cuatro esculturas modeladas al estilo neoclásico y paralelamente a ellas se encuentra una columnata que sostiene la terraza principal de la planta alta.

A los dos lados del edificio, dos macizos torreones se elevan conteniendo las dimensiones del frente.

Uno de los elementos más interesantes de la fachada es el lateral derecho concebido como un gran rectángulo básico que se desdobla hábilmente en dos extremos angulosos y firmes y en cuyo centro se encuentra, rematada con la cúpula, la imponente torre redonda que además sirve como entrada lateral hacia el interior del edificio; la conjugación de formas redondeadas y angulosas de esta zona lateral es sumamente armoniosa.

En los relieves decorativos, predominan las rosas y los mascarones femeninos, pero quizá resulte mucho más interesante el contraste resultante por la colocación de salamandras que decoran las bases de las gruesas volutas de piedra que sostienen los balcones superiores. De estos últimos también vale la pena mencionar sus rejas onduladas de fierro vaciado de marcada influencia Art Nouveau. Por su parte, la fachada trasera, a pesar de ser menos ornamentada, es también de gran imponencia y belleza; su característica más llamativa es el arco central formado por las ventanas de la escalinata principal y cuya parte medular es un vitral emplomado Tiffany; se trata de una sección que cuenta con poco trabajo de cantería, esta revestida de yeso plano y constituye un agradable concepto estético para el visitante que acaba de admirar las fachadas frontal y lateral de piedra.

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Interior

La casa consta de cuatro planos: semi-sótano, planta baja, planta alta y una planta de azotea conformada por mansardas o desvanes.

Al entrar por la puerta principal de la casa, se puede observar cómo se abre un amplio vestíbulo iluminado por tragaluces desde la planta alta y con la vista de una chimenea colocada en el extremo izquierdo; dicho vestíbulo conduce a los salones principales del edificio que fueron la sala y el comedor, este último es llamado, Sala Alberto Carlos, aunque poco tiempo antes estuvo recibiendo el nombre de Sala Dorada; las puertas de ambos salones son un soberbio ejemplo del arte tallado en madera de esa época.

Hay en la planta baja otro elemento interesante además de los salones principales y la chimenea: la entrada lateral por el extremo derecho a la que se accede por una escalinata que conduce a una pequeña antesala conectada al vestíbulo que por un lado cuenta con unas escaleras que descienden hacia el semi-sótano y con la soberbia escalinata principal que lleva hasta la planta alta del edificio.

Este magnífico elemento que conduce al visitante de planta baja a la planta alta, es una gran escalinata de doble rampa que se convierte en una sola desde la parte media hasta la superior, trecho que está iluminado por un notable emplomado.

Todos los interiores del edificio están decorados por molduras de estuco que reproducen cuadrados, rectángulos, formas vegetales estilizadas y volutas, pero, además, esta decorado por figuras escultóricas llamadas altas que sostienen arcos y dinteles interiores, así como el decorado especial de los techos y paredes de algunas de las habitaciones, en especial la Sala de Alberto Carlos, así como los murales del antiguo baño.

Por ambos lados de la escalinata superior se pueden observar dos puertas por las que se accede a las escaleras de servicio que conducen a la azotea, sitio en el que se puede ubicar el ultimo, pero no menos interesante, componente de esta hermosa propiedad: las mansardas, elemento arquitectónico sumamente armonioso de origen francés. Ya que la mansarda es un recubrimiento inclinado para el techo de las construcciones de este tipo, en la mayoría de las ocasiones se ha buscado darle un uso, es decir, aprovechar el espacio que se genera, por lo que las mansardas se utilizan como desván o cuartos de servicio. En la Quinta Gameros se trata de un espacio con forma trapezoidal que esta rematado en cada uno de los cuatro extremos el edificio por un pináculo dotado de ventana y balcón bellamente ornamentados desde el exterior.

A lo largo de las mansardas se pueden apreciar tres ventanillas ovoides, aunque sin duda el elemento más hermoso de la azotea está constituido por la torre circular que sirve de entrada lateral por la planta baja y que en la parte superior cuenta con graciosas columnas que sostienen una cúpula alargada que remata en una aguja ornamental.

Mucho se ha discutido sobre la influencia arquitectónica predominante en la Quinta Gameros, aunque es creencia generalizada que se trata del estilo Art Nouveau, en realidad su diseño muestra solo influencias, a veces evidentes, de esta corriente artística; por lo que puede afirmarse que la base estilística principal la constituye el Rococó Francés.

No obstante, a pesar de la mezcla de influencias y estilos, la Quinta Gameros es uno de los edificios de mayor valor arquitectónico en el país; sus dimensiones y acabados, así como el valor histórico que ha acumulado el edificio, lo convierten en un verdadero monumento cultural.